En los últimos diez años en México, las industrias del tipo aportaron al Producto Interno Bruto entre 3 y 4 por ciento al año, a pesar de que la economía general creció sólo entre 2.5 a 2.7 por ciento.

El descalabro tras la pandemia de COVID-19 no lo sufrió la cultura, sino el modelo de promoción y la empresa cultural, por lo que toca a esta última reinventarse a sí misma para lograr una pronta recuperación y volver a ser la luz del mundo y de las personas, así como un bien capaz de dar ganancia, aseguró Ramiro Magaña Pineda, miembro de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

En los últimos diez años en México, las industrias del tipo aportaron al Producto Interno Bruto entre 3 y 4 por ciento al año, a pesar de que la economía general creció sólo entre 2.5 a 2.7 por ciento, el dato es relevante porque el aporte de este sector fue de 700 mil millones de pesos y generó más de un millón y medio de puestos de trabajo directos e indirectos, sostuvo durante la segunda parte del Coloquio La importancia de la cultura en el desarrollo sostenible, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), entre otras instituciones.

Por ello desde la ONUDI se han creado dos herramientas de gran impacto implementadas en Cuba con la industria de la música, y en Italia y Montenegro con compañías agroalimentarias y turísticas. La primera se conoce como consorcios de promoción, una plataforma en la que artistas o empresas se asocian a manera de cadena horizontal para que desde su carácter conjunto puedan ampliar su mercado hasta internacionalizarse.

Así, artistas y empresas comparten gastos de promoción, representación y otros servicios, incluidos renta de salas de grabación, espacios de exhibición e incluso pueden llegar a producir una marca, por ejemplo, en Cuba se desplegó un consorcio en ese rubro en el que se reordenó la cadena de valor y se introdujeron nuevos conceptos de asociación y de promoción, propiciando un cambio tecnológico en la interpretación y grabación de la música hasta alcanzar estándares globales de competición.

La otra herramienta son los programas integrados, dirigidos a desarrollar una región en particular en los que las firmas del ramo pueden hacer sinergias con el turismo y la industria agroalimentaria. Este territorio debe caracterizarse por una aglomeración de micro, pequeñas y medianas empresas alrededor de recursos idiosincráticos llamados capital territorio-cultural, generándose así una experiencia total, resultado de la combinación de comidas típicas y servicios creativos cuyo éxito está en la calidad de cada uno de los elementos para que sea percibida como homogénea y atractiva.

 

“Y es que la cultura ha sido una de las más resilientes y de mayor sobrevivencia en toda la historia de la humanidad gracias a su capacidad de reinventarse y formular alternativas”, añadió Magaña Pineda en esta actividad que se enmarca al 2021 como el año internacional de la economía creativa para el desarrollo sostenible.

Pero no sólo desde la ONU se impulsa la reactivación de la industria cultural, también lo hacen algunas plataformas de gestión, incluida Xácara Culture, que a través de la recaudación de fondos y la implementación de proyectos promueve campañas artísticas para tejer colaboraciones creativo-laborales que puedan trascender y establecerse como parte del tejido comunal con el potencial de sostener vínculos nacionales y mundiales que fomenten la movilidad.

El talento y la capacidad se encuentran en todas partes, pero las oportunidades no, “por ello en Xácara buscamos dar apoyo a artistas y generar análisis para organizaciones e instituciones que faciliten y habiliten el desenvolvimiento de las diferentes disciplinas artísticas”, apuntó Montserrat Fuentes Romero, maestra por la Universidad de las Artes en La Habana, Cuba, y miembro del Programa Líderes en la Cultura auspiciado por la Unión Europea.

Un ejemplo es El pasado para el futuro que junto al colectivo El vuelo del colibrí impulsan a través de la música el rescate de la lengua ñañu entre los niños de la región de Tierra Blanca, Guanajuato, avivando la valoración y cuidado del medio ambiente, el cambio climático y la racionalización y regeneración de los recursos naturales, pretendiendo estimular la reconexión entre cultura, innovación y educación.

Frédéric Vacheron Oriol, representante de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en México y moderador de la mesa, dijo que ese sector moviliza sobre todo a jóvenes de entre 15 y 29 años y son los países desarrollados los que apuestan por ese ámbito, llegando a representar 26 por ciento de las exportaciones mundiales de bienes del tipo, lo que genera un desequilibrio profundo de oportunidades.

La cultura hace al hombre algo más que un accidente en el universo, por ello la reconciliación entre ésta y sostenibilidad es indispensable para mantener formas dignas de vida, alianzas entre los sectores privado y público, así como entre educación, economía y cultura, porque sólo logrando dimensionar el poder de ésta como un bastión de progreso, la humanidad logrará sobrevivir a su destino.

El Coloquio fue organizado por la Coordinación General de Difusión de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el British Council y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, entre otros.

 

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